Capítulo I de la novela de Miriam - Epifanía

                                                

Siempre me gustó esa palabra, su tersura al pronunciarla o , al callarla... Tiene un regusto a "chispa divina", a ensoñación, a repentismo, sin embargo, aún hoy, no sé con exactitud qué significa. Se instaló en mi mente desde hace unos días, enlazada al recuerdo de hace unos años, en pleno invierno, en la Explanada , junto a la llama votiva, del Monumento Nacional a la Bandera. Quedó el registro en una vieja fotografía, te volteabas hacia mí y sonreías, como tras haber sido rescatada de alguno de tus tantos naufragios. Pasarían, de todos modos, algunos años más antes de tus últimos derrapes, tus derrumbes, tus caídas o saltos al vacío... Ya andabas mal, creo que anduviste mal desde que tengo uso de razón. En este caso, sin embargo, tu relación con Roberto era, lisa y llanamente, una tortura china, y esa tarde de junio - se conmemoraba el Día de la Bandera - estabas queriendo salir de uno de esos tantos agobios o ahogos que te hacía pasar tu esposo.

En el viaje hacia Rosario habíamos estado haciendo planes para librarnos de esas ataduras... Yo también he venido remando en dulce de leche con mi relación, aunque logré salir a flote, hasta ahora, al menos, con mis obsesiones  y sobre todo, con mi tendencia a caer en la melancolía. La música ayuda, la escritura, el arte, también, en fín ...No quiero perderme o irme por las ramas...

Contentas, iluminadas ...Quiza, en esas cualidades con las que habíamos logrado sintonizar, al menos, esté el enlace con lo que yo entiendo por "Epifanía", al pronunciarla, parece que llegara de la mano de alguna pariente suya, la intuición, o esa otra, la salvación ...

Internamente sabíamos que nuestros planes eran utópicos pero, el solo hecho de pensarlos y de intentar hacerlo,  conectadas una con la otra, se volvían posibles, y esa sola idea, es decir, que nuestros sueños se desplazaran del plano de lo quimérico para ascender al de la posibilidad, nos salvaba de las eventuales penurias que ambas sufríamos con nuestras relaciones. En concreto, nos iríamos a vivir juntas, ni bien, ambas tuviéramos la valentía y la oportunidad de cortar las cadenas que nos mantenían  presas, frustradas ...

Esa noche, tarde - había vuelto de cantar en vivo después de tanto tiempo de clausura debido a la cuarentena, y luego, había tocado via streaming - , mientras veía por tv y escuchaba a una violoncelista, tocando una música tan hermosa que sentía que me elevaba el espíritu, y lo hacía desde la misma explanada que nos había unido aquella tarde fría de junio - junto a la llama Votiva del Monumento Nacional a la Bandera -sobrevino otra vez la palabra, a mi mente, ligada, esta vez, a una triste e irremediable revelación - tu pronta partida -. Me dí cuenta de que ya no quedaba tiempo de concretar aquel plan que, en más de una ocasión, en realidad, nos había preocupado y unido.Ya, no. No hubo tiempo suficiente para que lograras dejar atrás la enfermedad, elegiste seguir adelante con ella, para ir detrás de tu  esposo, justo un año después de su deceso.. Decidiste ir tras él en lugar de darte una segunda oportunidad, a mi lado. Acaso lo hiciste porque sentiste que te había perdido la confianza, esa confianza que necesitabas para poder soltarlo. En cierto modo, no te equivocaste. Estaba enojada y decepcionada.No pude lidiar con esos sentimientos... No pude, realmente, perdonarte en vida. Ahora, aunque ya te perdoné, es tarde. Demasiado. 

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P/D ( jueves 28/10/2021) Hace unos días se me dió por vaciar el galponcito de atrás de mi casa. Entre las cosas que tiré había una bolsa de consorcio con algunas pertenencias tuyas. Encontré un collarcito violeta de piedras naturales - creo que te lo había regalado hace algunos años, para un cumpleaños o tal vez , para Navidad - . Creí que había llegado a apartarlo antes de tirar la bolsa, pero no fue así. Hoy, mientras venía de hacer mandados, lo encontré tirado en medio de la calle.Roto. Las piedras  brillaban a la luz del sol, ellas fueron las que me advirtieron del collar, tu collar, allí tirado ... No pude contener mi llanto ... Esas piedras desperdigadas... Para los cartoneros, el collarcito no tuvo valor alguno, por eso, lo arrojaron a la calzada, pero, para mí, ver las piedras sueltas, parte del collar, tirado... No sé. La escena se volvió una epifanía también, o más bien, una certeza : el collar destruído y tirado allí, era como ver la escena de los últimos años de tu vida y, también, de algún modo, de la mía.

 Las piedras brillando se asemejan a nuestras cualidades, nuestros dones ... Siempre hemos brillado pero, a la vez, ese brillo es efímero o se ve opacado por los posteriores derrumbes anímicos. Hemos sido las dos, en mayor o menor medida o, cada una, en lo suyo,  como una suerte de collar cuyas cuentas, aunque brillan, terminan deshilvanándose, saliéndose de eje, desperdigadas en medio de la nada ... La vida se ha encargado, en ambos casos, de imponer ese karma negativo, atroz, heredado de nuestros ancestros... En tu caso, sencillamente, no pudiste soportar los embates y te fuiste.Yo, la vengo remando en un dulce de leche cada vez más espeso, viscoso, oscuro ... Pero soy una guerrera, las adversidades no me van a vencer tan facilmente.No ...


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