CAPÍTULO 3 - MIRIAM , CUÁNTO TE EXTRAÑO

 


                                                       

                                                                        Preámbulo 

No tengo consigna alguna, esta vez, para escribir. Lo hago por puro impulso, nada más. Eso es lo que me seduce, justamente, de la escritura: la hoja en blanco, y uno, ahí, sin metas, sin ideas previas para ponerse a escribir, salvo, la observación minuciosa de la hoja, el bolígrafo,  el gesto dispuesto de la mano que dice: - que tanto hay que estar pensando, pongamos, manos a la obra-.

Y así, en este devenir creativo, sin preámbulos, ni ideas previas, es que termino dejándome atrapar por ese interés casi morboso que despiertan en mi los pequeños actos privados de la vida cotidiana, como si no pudiera hallar otro tema, o no me interesara escribir sobre otra cosa más que ,de lo mínimo, el detalle, aquello que pasa inadvertido para la mayoría de la gente y que, de manera directa o indirecta está hablando de mí, pero, a diferencia de otros escritores, sin acudir a los mundos ficticios o a los artificios borgeanos. Soy, por necedad, necesidad y acaso, por limitación, una cronista en el sentido más puro del género: narro de manera fragmentaria lo que observo, sin intentar siquiera juzgarlo.

Digo que no la voy con los preámbulos, sin embargo, toda esta aclaración lo parece, semeja a una suerte de preámbulo o presentación, cuando, en realidad, es un balbuceo, es decir, una reunión de ideas para ir a ningún lugar en concreto porque, a decir verdad, estoy en estos momentos tan triste y desorientada que no puedo hacer otra cosa con más entusiasmo y más vivacidad y más amor que escribir, aunque no tenga un tema en sí para contar y, en cambio, más bien, muchos motivos, demasiados, que me están atormentando al punto de no poder más lidiar con el hastío, y me piden a gritos un vómito verbal, un desahogo … Pero son muchas cosas …  Soy optimista al respecto, sé que irán saliendo a la luz, cada una, a su tiempo …

 

                                                                Miriam

I)Es un comienzo de año bastante peculiar por cierto ... Creíamos que aquella partida temprana de mi cuñado sería suficiente, la veía yo al menos, como una especie de bálsamo, una salvación, pero ... No. Quizá no es que no me daba cuenta, sino que, no había querido darme cuenta. Pero, tarde o temprano, la verdad se reveló como suele ocurrir siempre: descarnada, rotunda, impiadosa. Mi hermana está perdida en su adicción, punto. Todo lo otro había sido sólo una excusa, una triste excusa....                                                                                                                                       

"Vivió como quiso", se escuchó decir ... Lo dudo, como, todo lo que sea discursivo, últimamente. Debo estar harta de tanta post verdad que no conduce a ninguna parte, o, al menos, no condice con la realidad. Yo creo que ella encontró en cierta filosofía de salvación, un basamento impuesto para justificar su falta de madurez y de responsabilidad para encarar la vida, la verdadera vida, el presente, lo cotidiano con todas sus problemáticas : si tenés un trabajo, tratar de cuidarlo, si no, conseguir uno, llegar con el sueldo a fin de mes, la convivencia en pareja, con los vecinos, en fin, esas cosas de la vida mundana que, por más especial que uno crea ser, no se pueden sortear.

A mí me costó mucho lidiar con todas esas cosas en algún momento, comprendo perfectamente lo que le pasaba. Pero hubo una diferencia entre ella y yo, una enorme, una que podía haber funcionado en ella tan bien como lo hizo conmigo: yo volqué todo mi rollo por así decirlo, en la escritura, y en el arte, pero, fundamentalmente, en las letras. Ella, en cambio, creyó poder volcarlo en algún momento, hacia la difusión del pensamiento del Budú Maharashi, pero, esto no bastó .

Llegaron al comienzo del año 2018, a los tropiezos, como era previsible. Pero ni Roberto ni Miriam estaban ya tan bien de salud como para seguir soportando los embistes de la vida que habían elegido. El organismo de él comenzó a rechazar una prótesis metálica que tenía en la pierna y que le habían tenido que colocar tras un accidente grave de motocicleta ocurrido en el 2017, y en cuanto a Miriam, seguían sus ataques de epilepsia y a esto se sumaban episodios  de sonambulismo cada vez más frecuentes . Los habían echado violentamente de la casa que habían alquilado muy poco tiempo atrás, en Puerto San Martín, porque, al parecer habían faltado herramientas del taller mecánico que el dueño tenía, lindero a la vivienda. Su situación de consumo de estupefacientes, a todo esto, continuaba, y la de Miriam, sobre todo, se iba agravando. El, incluso le había querido advertir a mi madre sobre esto, y ella, no sólo no quiso escucharlo, sino que, le cortó la conversación abruptamente, con una dura respuesta, aunque cierta : "por qué no se fija en lo que hace usted", le dijo.

Tras el desalojo, Roberto se instaló en el campo de un amigo suyo y Miriam, en lo de mi madre. Fue entonces, cuando ocurrió lo de la prótesis de Roberto que lo llevó a quedar internado. Lo operaron y le dieron el alta, pero pronto, comenzaron los dolores cada vez más fuertes, y el malestar, la fiebre...

La segunda internación fue la que lo llevó, primero, a la detección de su cáncer de huesos que, casi de inmediato, hizo metástasis y lo fulminó. Mi hermana, a todo esto,  iba al hospital  totalmente drogada, y sencillamente, no pudo soportar su muerte. No lo pudo superar ... 

Yo llegué a creer que, pese al altísimo grado de su adicción, sería posible el milagro de hacerla recapacitar sobre el modo cómo se estaba autodestruyendo, para luego, aceptar una internación voluntaria en un centro de rehabilitación, pero no hubo tiempo. Como no convivía con ella, no me llegué a dar cuenta de lo afectada que estaba ya, su mente.A esa altura, no podía hacerse cargo ni siquiera, de ella misma ...

Pero no quiero aquí detenerme en sentimentalismos que frenen la narración, no quiero que nada la distraiga. Es que ella me pidió encarecidamente que escriba de algún modo, momentos de su vida, y es lo que intentaré hacer. No sé si podré  plasmar esas experiencias de iluminación que se generaban cuando estábamos juntas. Necesitaría volver a sentir esa gracia y  plenitud que en su momento inspirara el surgimiento de "Surcos Vitales" - mi primera narrativa publicada - , pero, no puedo dejar de admitir que estoy aún muy enfadada con ella, con su esposo. Se al mismo tiempo que no soy quien para  juzgar a nadie, pero, como decía al principio, me he vuelto enemiga de lo meramente discursivo conducente a ningun lado o a un nihilismo vacuo o en el peor de los casos, carente de sentido, o al menos, de un sentido luminoso, y por ende, perverso. Eso es lo que siento, indignación por haber presenciado aquel modo de vivir tan sádico, perverso, ególatra, autoflagelante, y me otorgo el derecho, en este caso, de juzgarlos de ese modo, porque, esa manera tan inmadura y arrogante de vivir, a nosotros, y, sobre todo, a mi madre y a mi hijo mayor, nos ha perjudicado.

No será fácil narrar todo. Pero iré explayándome a medida que vaya pudiendo desahogarme. Y lo haré, sólo porque soy una persona  que cumple con su palabra. Se lo prometí, pero también, que lo que contase sería una suerte de enseñanza para la posteridad. Y creo que, se podrá rescatar esa enseñanza, aunque ella no haya podido aplicarla a su vida del todo bien ... 


                                                                                 Capítulo I B : Paco 

 Con este tipo de cosas, la verdad, "no se jode" ... Me refiero a que no es nada fácil sobrellevarlas. En ese sentido siempre me acuerdo de mi querido amigo Paco, al que no veo desde hace mucho tiempo. Hace un par de años perdió a su madre. Era de esperar que de un momento a otro pasara a mejor vida debido a que ya tenía noventa y cinco años, sin embargo para él representó un golpe tremendo ya que los unía un vínculo de mucho arraigo.  Desde su separación y posterior viudez, él se fue a vivir con ella y en los últimos años cuidaba de su salud. Por esa razón era previsible su sufrimiento. Sin embargo, lo imprevisto fue su primer reacción  de liberación y de hasta cierta alegría. Yo lo comprendía - había sido muy dificil cuidar de ella en los últimos días previos a su deceso, aunque, me sorprendía verlo tan suelto y contento-. Así se lo vio los primeros diez o quince días pero luego ... Empezó a decaer su estado de ánimo, a dejar de recibir gente en su casa, de hecho, nos dejamos de vincular como amigos y compañeros de música debido a esta problemática, ya no quiso ensayar más conmigo y, tras indagar con otras personas allegadas a él, descubrí que con todas procedía de la misma manera.

Traigo este caso a cuenta porque siento que a mí me está pasando lo mismo que a él... Los primeros días luego del deceso de Miriam, sentí ese alivio que suele sobrevenir cuando uno se saca un peso de encima - yo sentía impotencia y mucha bronca ante la falta de buena predisposición de Miriam para curarse de su adicción - pero ahora, a medida que va pasando el tiempo, lo que siento es cada vez más complicado.

Me suele invadir cierta nostalgia de tiempos en que nos veíamos más a menudo, de bien que estoy, aparecen recuerdos de hechos concretos o de situaciones puntuales que vivimos juntas ... Ayer, gestionando la solicitud de su partida de matrimonio con Roberto - estoy en esos trámites que apuntan a brindar cierto alivio económico, ante la falta de consuelo, de verdadero alivio, de resignación para la familia - de golpe apareció el recuerdo de cuando ellos se casaron - sobre vino, nítido, esplendente -. Hacía apenas unos dos o tres meses que nos habíamos mudado y ese mismo día, Angel, mi hijo más chico, cumplía su primer año de vida, así que le organizamos una fiestita humilde, pero cálida. Antes de eso, al mediodía, como me había tocado salir de testigo del matrimonio civil, estuve con ellos, junto a otro matrimonio amigo  - los otros dos testigos - , su hermana, el marido, la madre de Roberto, y otros amigos. Nos sacamos algunas fotos al frente del Registro Civil y luego, nos cruzamos a comer en un restaurante ubicado enfrente de dicha repartición...

Luego, al pasar por la Comisaría - debí retirar sus cosas pero, para eso, me pidieron también algunos comprobantes, informes, oficios, notas de elevación, en fín - el Subcomisario me hizo pasar a su oficina y allí me mostró parte de sus pertenencias... Cuando ví su viejo portafolios con la inscripción de "Amsafe", colmado de libros y de papeles, y, colgado de la manija, su paraguas un tanto descolorido por el paso de los años, esas pertenencias que me eran tan familiares y que, últimamente, habían estado en mi casa cuando la habían echado de la pensión, me embargó una tristeza, una nostalgía, que, al día de hoy, me cuesta describir, porque no hallo las palabras justas, no ...

              


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