CAPÍTULO 6 - EN EL UMBRAL DEL TIEMPO

 


                                                               

Hacía mucho tiempo que no me sentía como aquella tarde.  Me creía marchita , como vivir muriendo o algo así. Por esos días había escuchado una canción sobre unos amigos que terminaban mal por las drogas., uno de ellos decía : "sólo espero mi final", y esa frase había repercutido en mí como si en cierto modo me pasara lo mismo. Me costaba aceptar  ciertos cambios . A veces, me daba la sensación de que ya no había más nada que esperar. El futuro se había borrado del horizonte de aquellos días regados de ausencia.

Un día me enteré de que volvería a verla , que pronto estaría entre nosotros . Y aquella tarde los ojos de la gente con la que compartía el Domingo fueron invadidos por un brillo especial que develó que era para ellos también. Sus rostros se inundaron de ese brillo alimentado por un curioso encanto  por la frescura que tienen los niños cuando se sientan  bajo un sauce, en verano, a contar historias de piratas en países remotos, o de duendes. Es posible que mi cara sufriera una transformación porque más tarde A. me dijo que me veía más linda. Empecé a sentir cosas que creía perdidas dentro de mí, me veía presa de una sensibilidad un tanto infantil  en torno a la naturaleza, a los animales.  Todo el tiempo pensaba en ella, mi hermana, a quien no veía porque estaba en Brasil...

Cuando éramos chicas peleábamos pero también vivíamos  en íntima comunión , presas de un pacto  de amor que nos liaba - aún hoy lo hace-. Volvía a verme en aquel viejo departamento de la calle San Juan, en Rosario, donde jugábamos todo el día, sin parar, en el pasillo o en aquel viejo zaguán . Esos rituales eran una verdadera caja de sorpresas. Todo parecía sumirnos en un sutil cosquilleo, desde el brillo de las figurita con brillantina que solíamos coleccionar  hasta completar el álbum , hasta el cautivante olor a nuevo de las muñecas, el día de Reyes,  cuando nos levantábamos bien temprano , ávidas por ver si los camellos habían comido su pastito o no. Más tarde, cuando descubrí el engaño, supe lo que era el desencanto... Tal vez por eso, rescatar la niñez  tenga en estos momentos un sabor tan especial.

Nos envolvía una suerte de ensueño que nos mantenía alejadas de la violencia, la maldad, de las incesantes turbulencias que luego nos tocaría sortear.  Un abrigo al amparo de toda oscuridad cuyo toque más llamativo  haya sido quizá aquella experiencia compartida. Una noche, recuerdo que remonté vuelo  agitando los brazos levemente , como una gaviota de sólo cuatro o cinco años de edad. Mi hermana  fue el único testigo de ese hecho que hoy nos une como los engranajes de un reloj  cuyo polvo  no logra impedir que algo dentro suyo siga vivo. Ambas establecimos un pacto de silencio  pero sabemos porque, incluso, lo hemos hablado más de una vez, que lo hice. A una altura  apenas superior  a la de la terraza, recorrí  mi casa, mi barrio, las calles que circundan la escuela, la iglesia.  Pude acariciar el cielo , las estrellas por las que, entonces, estaba tan fascinada. Me creía, aún me creo, emparentada con ellas , con su naturaleza, aunque ésta anide  en algún rincón acaso inexplorado de mi ser. No dudo, que la idea cause extrañeza pero la asumo como una forma de creer en mí , de salvarme de la devastación. Algo debe quedar inmaculado, hay que impedir que le arruinen la vida a uno sumiéndolo en el letargo sensorial, a su vez, vale la pena esforzarse por tratar de no arruinar la vida de los demás. Todo es una especie de "Toma y daca", de "ida y vuelta". Las acciones propias se comportan como un boomerang, a la larga uno termina recibiendo lo que da, ni más ni menos. Rescatar la niñez puede ser el inicio  de una renovación que lleve a la grandeza de espíritu , a cierta pureza en el accionar necesaria para poder recoger buenos frutos.

Vivir-morir en el umbral

hasta que el sol se seca

                     como las lágrimas

Alguien renueva nuestro silencio

                                   nuestro destino

y en el corazón despierta una luciérnaga.

Esas miradas me dijeron la alquimia que

aún ella mueve en mí 

como la lava....

                                                                                       a Miriam

(texto incluido en el libro "Surcos Vitales" publicado en junio de 2001, lo comparto aquí sin modificaciones)

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