SALTO, ¿AL VACIO? (capítulo 2 de la novela "Miriam")
"¿Por qué te quedás en vía muerta, por qué esperás en la puerta, por qué no te animás a despegar?" CHG
"¿ Dónde poner el salto para no desangrarnos al viento?" ( Lilian Sa Pereira)
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Es casi de noche. Me vence el cansancio tras haber limpiado toda la casa, como loca. Suelo acompañar la faena con un poco de música pero, esta vez fue ella, la del músico de mi alma, la que acudió a mí, quizá para darme ese consuelo que, hace tiempo, vengo necesitando pero le esquivo al bulto porque hay demasiados asuntos externos que atender ... MIentras limpiaba, embargada por completo en esas melodías, comencé a sentir tristeza y preocupación por saber sobre el paradero de mi hermana. Estuvo siempre presente en momentos decisivos y también, luminosos de nuestras vidas, cuando apenas habían vuelto de Brasil, ella y su marido ... Recuerdo que fuimos a verlo a Luis Alberto, el músico y maestro de mi alma, al Anfiteatro "Humberto de Nito", y sin miedo a la exageración, puedo decir que esa debe haber sido una de las tardes más felices que recuerdo de nuestra vida familiar compartida con ella y su esposo. El concierto había sido glorioso, ya que el flaco presentó sus mejores canciones de ese momento y, tanto la tarde como el público, habían estado tan cálidos, afables... ,no parábamos de reirnos ante cualquier nimiedad, y hasta comimos unos choripanes y nos tomamos unas birras, hablando, en los intervalos, sobre anécdotas de adolescencia relacionadas con el rock nacional. Mis hijos eran niños y habían quedado al cuidado de mi madre.
Un poco más recientemente, lo fuimos a ver al Parque España - ese fue un concierto realmente memorable donde Luis Alberto mostró un repertorio compuesto por algunas de sus más bellas canciones recientes , aunque aún no había lanzado su último álbum "Un mañana" - paradógico título teniendo en cuenta que, lo que vendría pertenecería ya a su obra póstuma, pues al poco tiempo, el querido maestro, ese duende curador de los males del alma, partiría hacia otro plano, seguramente, mucho más luminoso y elevado que éste -. Y así, su música siempre fue una de las excusas que más nos unían espiritualmente, a mi hermana y a mí, así como la música de Tom Jobim, Vinicius de Moraes, Joao Gilberto... Ultimamente, la versión de Diego Torres de la canción "Penélope" nos había vuelto a vincular, después de tanto tiempo de haber estado sin compartir ese hábito de hermandad familiar, de canto a duo, de música en vivo , salvo, en algún que otro evento o reunión familiar ; un distanciamiento pero no, ligado a la falta de afecto precisamente sino, a una serie de acontecimientos desafortunados que se fueron desencadenando debido a sus hábitos de vida . Este comportamiento suyo, como lo explicara antes, en los últimos tiempos se había vuelto a tal punto nocivo que ella junto con su esposo, habían cometido algunos delitos, desde robar objetos de lujo en los supermercados para revenderlos y procurarse así dinero , hasta terminar siendo brutalmente desalojados, también por sospechas de robo y de hurto de herramientas, de la casa en la que vivían juntos, en Puerto Gral. San Martín.
MIriam , tras enviudar, entró en una crisis anímica tan profunda que, lejos de cumplir con la promesa que alguna vez nos había hecho de dejar de lado definitivamente el consumo de cocaína, por el contrario, ese problema la tuvo vagando a la deriva, tras haber sido expulsada de la casa familiar debido a un arranque suyo de violencia extrema que la llevó a romper vidrios, revolver y arrojar al piso todos los objetos que encontrara a su paso y agredir a mi madre .
Poco antes de esto, aunque había intentado, al principio, dejar de lado o, al menos, disminuir el consumo de esa sustancia tan nociva, pronto empezó a consumir cada vez con más frecuencia y ni siquiera se cuidaba ya de guardar las formas y la privacidad delante de mi madre o de mi hijo, incluso, en algunas ocasiones terminaba descompuesta o con convulsiones nocturnas de las que ella ni siquiera era consciente. Por consejo de mi hija Julia, psicóloga y acompañante terapéutica, intentamos entre todos convencerla para comenzar con un tratamiento ambulatorio pero, cuando ya tenía toda la documentación en regla y la autorización de su obra social para iniciar la terapia, se resistió a comenzarla argumentando que todo el andamiaje legal le parecía burocrático, comercial y que ella podría salir de su afección, sola, por sus propios medios, era sólo una cuestión de ponerle buena voluntad. Así fueron pasando los días, ella se vinculó con amigos de su difunto marido, empezó a reunirse y a consumir con ellos o, sola, saliendo a cualquier hora del día o de la noche, en procura de cantidades, cada vez, más excesivas.
La semana pasada, luego de una de esas reuniones de excesivo consumo con esa gente, se terminó descomponiendo pero, según ella, a diferencia de las veces anteriores, su "cabeza" no había quedado igual, su conciencia, su mente, no estaba trabajando del mismo modo que, hasta entonces. "Siento que ya no soy la misma, que mi mente está teniendo ideas raras, distintas", confesó. Al día siguiente de la descompensación, decidió ir al médico. La atendió un médico prestigioso, amigo y pariente político mío. Le extendió un certificado para gestionar una licencia en su trabajo y, una derivación al neurólogo. Ella, en un aparente rapto de lucidez, se dispuso a ocuparse más de su aspecto físico, de ir al odontólogo a hacerse arreglar un diente que se le había roto en alguna de sus corridas nocturnas, y le dijo a nuestra madre : "a partir de ahora, dejaré de despilfarrar el dinero para que esos boludos me terminen sacando ventaja riéndose de mí, lo dedicaré, en cambio, a mejorar". Mi madre, contenta, se había hecho ilusiones de que esto iba a pasar de verdad, sin embargo, lejos estaba de imaginar siquiera, todo lo que vendría después ...
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"¿Por qué, te quedás en vía muerta, por qué esperás en la puerta, no te animás a despegar, me pregunto, por qué" (CH.G)
"Prefiero ser una cronista que, una fabuladora o una inventora, hallo más novedad e interés en la realidad, que en la ficción, ya que, lo fáctico casi siempre, supera todo lo ficticio" O.B.S.
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A despegar, eso ... Creo que, es eso lo que pasó conmigo (yo, Miriam), sentía que al fín estaba pudiendo despegar , que lograba avanzar un paso, atravesar y dejar atrás el círculo vicioso en el que me tenía atrapada Roberto desde hacía años, aunque, en realidad, era sólo, una vía muerta, un estancamiento, una conciencia y una certeza de que, su energía tiraba para atrás todo mi progreso, arruinando, por ejemplo, mi imagen pública con sus actitudes - docente, yo, a veces él me iba a buscar al colegio donde yo trabajaba y, adrede, se presentaba todo sucio y mal entrasado, y a los gritos me exigía que saliera, que estaba apurado, eso, en el mejor de los casos, en el peor ... Involucró a mi hermana y a la madre del dueño del instituto donde ambas estábamos trabajando, en una estafa con unos automóviles, que nos dejó a ambas, muy mal paradas, aunque, yo, como no tenía nada que ver en el asunto logré salir airosa de la situación pero, a mi hermana le costó el puesto de trabajo ...Y como ese, puedo dar tantos ejemplos de humillación, malos tratos, violencia ... Todo aquello era estancamiento en una dinámica de vida - aunque se lea o suene contradictorio - pero falaz, vacía, un abordaje del ser, del mundo interior, pero, a costa de la incesante autodestrucción material, espiritual, un desconectarse del fluir natural o al menos, normal, de las cosas, del curso natural de la vida ... Tarde lo llegué a entender, demasiado tarde ... No pude hacerle frente a mi desidia a tiempo ... No quise o no tuve coraje ... No supe como lidiar con mi viudez, con mi soledad, con la falta de sentido en mi vida, desde hacía mucho tiempo, demasiado ...
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"Esa droga es una mierda", la oí decir..., tantas veces, sin embargo, no sólo , no pudo, sino que siguió sin poder escapar de ella, aún en sus últimos días, cuando su cuerpo se había deteriorado al punto de haber perdido notablemente, peso y ella haber entrado en un cuadro de EPOC porque fumaba demasiado y casi no comía. Cada vez más, atrapada en ese laberinto del ser sin otra salida más que la de irse, evadirse de la realidad, de lo cotidiano, de los problemas. ( Mientras hago una pequeña pausa, observo con atención cómo todo, afuera, se encuentra en el mismo lugar, a salvo del CAOS. Eso me da cierto alivio, le da tregua a mi ánimo, no por eso, menos abatido pero sí, un poco más calmo, en fín, prosigo ... )
Decía antes, sin embargo, que en aquellos días antes de la hecatombe, había dado indicios de reaccionar, así fuera, apenas, pero lo había hecho, después de una tremenda descompostura que había tenido en la casa de un amigo suyo, una relación reciente, un amigo de su esposo que, en aquellos días se estaba vinculando con ella. El tipo también se asustó. Nunca la había visto así, en ese estado. Según ella me contó, no le agradaba demasiado el tema del consumo excesivo de esa sustancia. Disfrutaba más de tomar cerveza, fumarse un faso y, a lo sumo, tener algo de sexo, nada más, de todos modos, no por eso dejó de "prenderse en la movida" ... En fin, no es mi intención aquí, emitir juicios morales acerca de las conductas privadas de las personas sino, ser una mera cronista de todo este proceso, por eso, continúo con mi relato, o intento hacerlo, al menos.
A mí se me dió en un momento por invitarla a cantar conmigo un sábado a la noche, ( no sé realmente, en qué estaba pensando, ufff, me reconozco colgada pero, la verdad, no imaginaba estar tan ciega de lo que, en realidad, ella estaba viviendo en ese tiempo, en fin ...) Yo había asumido el compromiso de participar artísticamente en una Cena Solidaria, donde me iba a largar a hacer algunas canciones del repertorio popular. Debo aclarar, antes de seguir con el relato que, si bien, hace mil años que toco la guitarra y que canto, aún así, me pongo muy nerviosa cuando lo hago en público, me resulta mucho más cómodo cantar con pistas pero, tocar y cantar es, a la vez, un desafío que me impongo, aunque sea, de vez en cuando y aprovecho esos ámbitos - peñas, fiestas solidarias, juntadas con amigos o familiares, encuentros literarios pequeños - para hacerlo. En escenarios más grandes, suelo cantar con aconpañamiento de otros o, con pistas. Sin embargo, como ella me hizo escuchar la canción Penélope de Joan Manuel serrat en versión de Diego Torres y, al cantarla ella, noté que lo hacía bastante bien, entonces, tuve ese acto de arrojo de acceder a su pedido de cantarla, con acompañamiento mío, en guitarra. Grave error cometí. Ella, esa noche, no sólo, no cometió errores, sino que, la cantó mejor aún que en el ensayo - habíamos ensayado una sola vez, en casa de mi mamá, es más, me atrevería a decir que incluso, cantó mejor que yo, pero ..., a costa de todo lo que me hizo pasar ...
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Un rato antes, al notar que yo conversaba con Mirta - habíamos ido las tres, a la cena: Miriam, mi amiga Mirta y yo - comenzó a mirar a su alrededor con cierta extrañeza, un tanto confundida o perturbada, y me preguntó donde estaba el baño. Luego desapareció por un rato y, al volver, ya no era la misma, yo, que la conozco bien, noté que había consumido porque estaba más verborrágica y no paraba de ir y venir de un lado a otro. Al fin llegó el momento de actuar, las condiciones eran bastante deplorables, el sonido se reducía a una mediana columna de karaoke con su mic, y no había ni siquiera un pie de mic, lo cual hacía suponer que alguien tuviese que sostener el mic mientras yo tocaba y, como ella iba a cantar, entonces, le designé esa responsabilidad, pero estaba tan acelerada y exaltada que sólo le interesaba cantar ella, y me pedía incluso que la dejara hacerlo con pista de karaoke, echando por tierra el ensayo con guitarra que antes habíamos tenido, pretendía además, ir ella primero, esto equivalía a que yo, prácticamente, no pudiera cantar ya que nadie me prestaría atención con un sonido tan pobre de guitarra luego de una pista , aún así, aunque me encontraba notablemente nerviosa y enojada ante la situación, permití que cantara enseguida, aunque, en segundo lugar, y le expliqué que yo debía calentar los dedos y que se estila que inicie el show el protagonista, no, el invitado. Accedió, no de muy buena gana y la actuación, en general, no llegó a fallar, de hecho, salió todo bastante bien. Sin embargo, ni bien terminamos, ella, un tanto ofuscada o acaso, ofendida, me dijo que se iba a fumar afuera.MIrta, entonces, decidió ir tras ella porque también quería fumar y acaso, para vigilarla al advertir que no estaba bien. Esa actitud, a Miriam terminó por enfurecerla al punto que, a MIrta, la echó diciéndole : - Vos andá, nomás, yo ya voy-. Mirta, al regresar, bastante turbada, me advirtió sobre su conducta, diciéndome : - Tu hermana está dele intercambiándose número de teléfono con unos pendejos, afuera, ¿por qué no vas a ver?-. Decidí hacerle caso. Cuando llegué al lugar, Miriam me miró fijo, a los ojos. Los suyos se veían sombríos, parecían ser los de otra persona. Me dijo : - ¿Qué hacés acá? Le contesté. - Nada, Miriam, vine a buscar los números de las rifas...¿ Todo bien, vos, qué estás haciendo? - Nada, nada ... ,yo no los tengo, los dejé sobre el tablón-. De inmediato, se tanteó los bolsillos y entonces se retractó diciendo : - ¡ Ah, no, no!, acá están, tomá -, lo dijo de mal modo, con cierto tono altanero. Yo entonces le contesté : - Bueno, gracias ... ¿vas a venir? Están sorteando los regalos-. - Si, si, ahí voy -, me replicó, pero, al poco rato de volver decidió retirarse del lugar diciendo : - Yo me voy a casa, no quiero estar más acá, me muero de frío y me aburro , "no hay nada más para mí, acá", . Yo decidí ir tras ella diciendo : - En qué te vas a ir, Miriam, por qué no te quedás un rato más, así te llevo yo?, pero fué inútil intentar retenerla. Le pregunté si tenía la tarjeta SUBE, a lo que me contestó de muy mal modo . - Por supuesto que tengo si no, no estaría queriendo volver en ómnibus -.
Un rato más tarde, yo, movida quiza por cierto sentimiento de culpa por no haber podido contenerla o, no sé, como ya había llegado a mi casa, se me ocurrió mandarle un mensaje de texto para preguntarle si había llegado bien. Me contestó que sí y me invitó a que fuera a charlar con ella, pero su tono era un tanto sardónico, amenazante, además, eran ya más de la una y media de la mañana del domingo, razón por la cual, le contesté que no, que me estaba por ir a dormir - lo cual era cierto, por otra parte -, pero creo que ella no me creyó o, no sé, porque, desde ese momento hasta el día en que entró en esa crisis neurasténica que llevó a mi madre a expulsarla de su casa, lugar donde, tal y como decía antes, ella estaba viviendo desde hacía dos años - no me llamó más, ni me vino a ver, ni siquiera fue capaz de enviarme un mensaje para agradecerme por haberla invitado a cantar conmigo.
Hoy que veo todo más a la distancia, sólo puedo reflexionar sobre la sensación que todo esto me ha dejado y que tengo sobre lo que, en general, le pasó. Siento que Miriam quiso ir al hueso de su propia herida y terminó devorándose a sí misma y todo, con tal de seguir indagando, interpelándose hasta llegar al fondo, al meollo de la cuestión acerca del sentido de su vida y advertir que "el coral era hueco" como bien pudo vislumbrar, aquel poeta que murió habiéndose transformado en un hilo de sí mismo, en una hebra de la Vía Láctea. La diferencia es que Luis A. pudo llegar a ser un creador, un artista, en cambio, Miriam, no, y no, por falta de talento o de condiciones dadas sino, porque no pudo simplemente hallar ese propósito, ese sustento que mueve todas las cosas, esa "voluntad" al mejor modo en que la nombra Shopenhauer, por ende se ha tornado una hebra pero, sólo, de sí misma... No le pertenece a nadie más que a sí misma, aunque hayamos estado todos nosotros, su familia, intentando hacerle ver que la queríamos ayudar...
Ha llegado a una crisis total de ansiedad debido a esa realidad ,a esa evidencia : la imposibilidad de donarse al universo por más que lo ha intentado, hablando sobre el Conocimiento y sobre las enseñanzas del Budú Maharashi, o haya tenido una oportunidad en el ámbito de la enseñanza que tarde o temprano, terminó desperdiciando, con actitudes de auto boicot ... Qué pena tan honda, Dios mío ...
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